HABÍA UNA VEZ UN PAÍS LLAMADO VENEZUELA…
Ese país era apetecido por un monstruo de mil cabezas, algunos le dicen Capitalismo, pero el verdadero nombre del monstruo es Egoísmo. La historia de ese país podemos escribirla juntos. Pero al menos saldrían dos versiones.
Primera versión del cuento
El país osó liberarse del capitalismo, del monstruo Egoísmo y trató de fundar una
sociedad donde todos fueran verdaderos humanos. Los individuos se encontraron con su ser
social, y la sociedad se importaba por el bienestar de cada individuo, el desarrollo de sus capacidades y talentos humanos.
El monstruo de las mil cabezas, no perdonó las insubordinaciones de estos humanitos, y enfiló sus
armas contra el ensayo liberador. Asesinó al líder, y en el desconcierto brotaron pequeños Egoísmos, que defendieron al monstruo mayor: el Capitalismo.
El nuevo gobierno de pequeños Egoísmos, era el Madurismo y su principal característica fue la traición, al líder fallecido, navegó a la deriva, olvidó las ideas, destruyó los avances materiales y espirituales que se habían logrado en la construcción de la nueva sociedad, sumió al país en tremendas dificultades, minó el
sentido de pertenencia a la Patria, millones se fueron. Los líderes fieles
al legado de aquella nueva sociedad, fueron perseguidos, calumniados o encarcelados.
El monstruo de las mil cabezas había crecido, no se saciaba, quería más y quería borrar
cualquier recuerdo de la insubordinación. Secuestró al presidente traidor, en
una operación militar que fue vergüenza para la historia del país. Nadie se resistió.
La vicepresidenta de los traidores maduristas se convirtió en presidenta, inició un gobierno, oportunista, sin ninguna vocación de sacrificio, sin ganas ni voluntad para defender al país,. Embebida en el Egoísmo profundizó aún más, la traición. Y el monstruo de las mil
cabezas, engulló lentamente, pero sin pausa lo que quedaba de país. Todos los días se mostraban las evidencias del poder del monstruo Egoísmo, apropiándose de las riquezas del país, y cada día el
gobierno de la presidenta se volvía más y más pequeño más y más egoísta.
El país fue humillado, perdió su moneda, perdió su Soberanía. No se oyó en el silencio de las noches un solo grito de rebeldía, nadie lanzó una piedra.
Atrás quedaron las Misiones, clausuraron el Cuartel de la Montaña, el
monstruo estableció bases militares Egoístas, zonas económicas especiales, convenios de propiedad participada, y el corazón del país latía resignado.
Desgajaron el país, formaron otras pequeñas repúblicas de acuerdo a la geografía donde estaban las riqueza, y nadie protestó…
Así hoy se recuerda en la lejanía, que hubo una vez un país llamado Venezuela.
Segunda versión del cuento
Comienza allí donde el país fue humillado y nadie protestó…
En esta versión. Cuando se creía que no habría resistencia, una madrugada
el silencio del conticinio fue rasgado por una trompeta solitaria que tocaba la
Diana Carabobo y llamaba al combate. Era la misma trompeta que no quiso saludar
a un tal Carmona, que alguna vez quiso ser presidente. A ese nuevo llamado de la Patria
agonizante, acudieron sus mejores hijos.
Al principio fueron pocos, pero la resistencia creció, llegó el amanecer y la avalancha fue indetenible, y el gigante de las mil cabezas, junto a los traidores oportunistas, corrieron y volaron asustados con sus Egoísmos y su jefe el Capitalismo.
Venezuela marcó el rumbo de la salvación de la humanidad.
Está por escribirse la historia, no sabemos cuál de las dos versiones
prevalecerá, o si hay una tercera versión, quizá muy cruel.
esperanzapatriotica.blogspot.com
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